Gran luchador sindical chileno

Gran luchador sindical chileno

El Primero de mayo, como símbolo de la lucha de los y las trabajadoras del mundo por mejores condiciones sociales, económicas, políticas y culturales, no ha estado lejano de las luchas emprendidas por los y las trabajadoras chilenas. A mediados de los años 50, trabajadoraes agrupados en diversas organizaciones sociales, sindicales y laborales dan vida a la Central Única de Trabajadores de Chile (CUT) la cual estará presidida por Clotario Blest Riffo, histórico dirigente de la ANEF. Su constancia en la defensa de los derechos de las personas le valió en más de una oportunidad la cárcel; sin embargo, dado el trabajo realizado, “don Clota” como fue conocido, siguió en la defensa permanente de las y los obreros, campesinos y empleados de Chile. clotario Su lenguaje franco y directo, su claridad política y compromiso, hizo de él una de las figuras más importantes y reconcocidas en el mundo de los trabajadores. Sus concepciones amplias en pro de la unidad le permitieron ser uno de los fundadores del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) y, de esta forma, contribuir a la emancipación de los trabajadores.

Teniendo en cuenta que ya se acerca nuevamente el Día Internacional de los y las Trabajadoras, deseo hacer un pequeño homenaje a este luchador incansable por los derechos humanos, recordando sus propias palabras, tan necesarias en tiempos difíciles como los actuales:

“Compañeros delegados:
Desde el anexo de la Cárcel Pública os envío un saludo fraternal y un mensaje de Unidad pleno de sentimiento revolucionario. Una vez más la oligarquía económica y sus sirvientes incondicionales ha logrado mantenerme alejado de mis compañeros de lucha en momentos de tan extraordinaria gravedad para la clase trabajadora chilena, y todo lo ha logrado por las circunstancias adversas internas existentes en la CUT, bosquejadas en resume en el informe que me permití dar a la Asamblea Ampliada de Federaciones del 9 de Octubre del presente año. Mi encarcelamiento es sólo un episodio accidental en la vida de acción y lucha de la clase trabajadora chilena, lo único interesante es que en esta Conferencia realizada en un momento crucial y decisivo para la clase trabajadora, se tomen resoluciones también definitivas.
No creo que sea posible seguir engañándonos entre nosotros y pretender seguir engañando a los obreros, empleados y campesinos de nuestra patria, con declaraciones altisonantes, desposeídas de todo sentido realista y positivo, determinadas, tan solo, a mantener los mitos pseudo democráticos y legalistas que nos han amarrado haciéndose el juego a la derecha económica y al Imperialismo Norteamericano.
La clase trabajadora chilena reclama y exige de nosotros actitudes y posiciones claras y definidas y no camufladas de un sectarismo trasnochado y reaccionario. La clase trabajadora chilena está cansada de nuestro lenguaje y de nuestra conducta conciliatoria y sumisa a la brutal y desembozada dictadura económica y social que impera en nuestro país, cuya suerte y destino depende directamente del Fondo Monetario Internacional y de los grandes Monopolios internacionales. La clase trabajadora chilena se ha sentido frustrada, engañada y pisoteada por nuestras actitudes indefinidas y carentes de coraje clasista ante las embestidas a fondo de la oligarquía económica.
La clase trabajadora chilena repudia y rechaza los parlamentos con el Gobierno del Sr. Alessandri, cuyo cinismo y prepotencia insolente no tiene limites y cuyo sentido de clase se manifiesta en forma implacable e inexorable en todas sus actitudes. La clase trabajadora chilena reclama definitivamente de la CUT su definición precisa hacia la única finalidad que la liberará verdadera y auténticamente de su actual servidumbre, y que no puede ser otra que la estructura económica social y política de nuestra sociedad, es decir, emprender una jornada plena de sentido revolucionario.
Para la realización de esta acción revolucionaria, se requiere fundamentalmente la Unidad sólida y sincera de los trabajadores dentro sede la CUT, y muy principalmente de sus dirigentes en el plano nacional, Consejo Directivo, Federaciones y Centrales Gremiales.
Debemos considerar la unidad con un nuevo sentido sindical y Gremial del más amplio sentido ideológico. Rechazo categóricamente la unidad como la hemos entendido hasta hoy, una unidad retórica y sólo de tipo moral que nos ha conducido al actual fracaso.
No creo en las unidades formalistas, pues nos arrastran a un auto-engaño colectivo. Tampoco creo en la Unidad que mantenga la actitud y conducta sectaria de los partidos políticos, empeñados exclusivamente en una carrera proselitista de tipo electoral.
Esta unidad vuelvo a repetirlo, no valdría la pena seguir manteniéndola, salvo que fuéramos a seguir engañándonos, y lo que puede ser peor, engañando y traicionando a nuestros compañeros. O nos renovamos totalmente en este sentido o pereceremos como CUT, pues la clase trabajadora revalsará sus directivas para darse una propia y auténtica estructura.
La oligarquía económica ha conseguido una vez más, tenerme alejado de vosotros en estos momentos y en esta Conferencia de la que depende, sin exagerar, la suerte de la clase trabajadora chilena. Desde la cárcel os aseguro mi inquebrantable voluntad de lucha y mi esperanza que definitivamente tomemos el único camino que debe conducir al triunfo a nuestro pueblo, la acción directa, tajante y sin claudicaciones en demanda de la transformación revolucionaria que exige el pueblo y la clase trabajadora chilena.
Santiago, diciembre 2 de 1960.
Clotario Blest
Presidente CUT”

Discurso tomado de “Ensayo de Historia del Movimiento Obrero Chileno. Los Discursos de Clotario Blest y la Revolución Chilena” Del libro de Luis Vitale, Ed. POR, Stgo., 1961.

Profesor D. Maximiliano Bascur Astroza

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La Jornada laboral de ocho horas

La historia de “Los Mártires de Chicago” comienza en una convención de la Federación de trabajadores de Estados Unidos y Canadá en 1884. En esa convención, la Federación llamó a los trabajadores a luchar por la jornada laboral de 8 horas (que se venía pidiendo desde la década de 1860), para sustituir el día laboral de 10, 12 y hasta 16 horas que prevalecía. La Federación declaró que la jornada de ocho horas entraría a efecto el 1º de mayo de 1886. En los meses previos a esa fecha miles de trabajadores, organizados e independientes, fueron puestos en alerta. Las fuerzas represoras policíacas y de la guardia nacional se prepararon para contrarrestar a los trabajadores, recibieron equipo y armas nuevas financiadas por poderosos líderes comerciales, que se oponían a las demandas laborales. Chicago fue el centro principal de la agitación.

El primero de mayo de 1886

El primero de mayo de 1886, Albert Parsons, líder de la organización laboral “Caballeros del Trabajo de Chicago”, dirigió una manifestación de 80 mil trabajadores a través de las calles de Chicago, solicitando la reducción del horario laboral a ocho horas diarias. En los siguientes días se unieron a esta demanda 350.000 trabajadores de toda la Unión Americana, que iniciaron una huelga nacional que afectó más de mil fábricas. La unión de los trabajadores causó mucha alarma entre los industriales y en la prensa, pues vieron en las manifestaciones el inicio de una “revolución”.

Los anarquistas y otros radicales políticos creían que la petición de reducción de jornada era una medida moderada y en un principio no quisieron involucrarse, pero el nivel de convocatoria que logró Albert Parsons convenció a los anarquistas de integrarse al movimiento. El 3 de mayo August Spies, director de un periódico laborista, habló ante 6 mil trabajadores. El grupo de huelgistas se dirigió después a una fábrica cercana, la planta McCormick, a manifestarse. Pronto llegó la policía, abrió fuego y mató por lo menos a un huelgista, hiriendo a muchos más.

La masacre de Haymarket

Los anarquistas convocaron a una reunión masiva en la noche del 4 de mayo de 1886 en el mercado de la ciudad (Haymarket), con el propósito de protestar por la brutal acción policiaca del día anterior. Spies, Parsons y Samuel Fielden fueron los oradores en Haymarket, ante una reunión de 2.500 trabajadores. Cuando la manifestación estaba terminando y empezaba a llover, llegaron al lugar cerca de 200 policías. Mientras la policía pedía que se dispersara la reunión, alguien lanzó una bomba que estalló y mató a un policía. Se armó el alboroto y en la confusión la policía comenzó a disparar, causando la muerte de siete policías y cuatro trabajadores, además de muchos heridos. Nunca se supo quién lanzó la bomba, pero este incidente se tomó como pretexto para perseguir anarquistas y organizaciones laborales a lo largo del país. La policía saqueó hogares de trabajadores y arrestó a muchos de ellos.

Los mártires de Chicago

los mártires de chicago

El 21 de junio de 1886, ocho líderes laborales (Parsons, Spies, Fielden, Schwab, Fischer, Lingg, Engel y Nebee) fueron acusados de conspiración para asesinato por la explosión de la bomba que mató al policía. El juicio, que condenó a siete de ellos a morir ahorcados y a uno a 15 años de cárcel, estuvo plagado de mentiras e incluso el fiscal llegó a pedir al jurado: “Castigue a estos hombres, haga un ejemplo de ellos, cuélguelos y salve nuestras instituciones”. El 11 de noviembre de 1886 fueron ahorcados Parsons, Spies, Fischer y Engel. Louise Lingg, anarquista, se suicidó en prisión y Fielden, Nebee y Schwab lograron conmutar la pena de muerte por cadena perpetua. Más de 200.000 personas asistieron a la procesión funeraria de los líderes muertos.

El caso de Haymarket provocó un escándalo internacional. El gobernador Oglesby recibió cientos de miles de cartas pidiéndole clemencia para los condenados, pero todo fue inútil: los condenados fueron ejecutados. La verdadera causa de su muerte no fue la explosión de la bomba, sino su capacidad para organizar a la clase obrera en demanda de mejoras laborales, con lo cual amenazaban los intereses de industriales y conservadores dentro del gobierno.

El colegio de abogados de Chicago condenó el juicio y siete años después el Gobernador de Illinois, John Peter Altgeld, declaró la inocencia de los ocho acusados y liberó a los tres sobrevivientes. Se construyó un monumento para depositar los restos de los hombres juzgados y honrar su memoria. Más tarde los restos de otros líderes laborales, como Emma Goldman, Bill Hayward y Joe Hill, fueron depositados en el Monumento Haymarket en Chicago.

El 1º de mayo se declara el Día del Trabajo

En 1889, durante el Primer Congreso de la Segunda Internacional Socialista, celebrado en París, se decidió que el 1º de mayo conmemoraría en adelante la solidaridad laboral. Desde entonces la mayoría de los países del mundo, especialmente aquellos de pasado o presente socialista, celebran ese día a sus trabajadores.
Paradójica y significativamente, el 1º de mayo no se celebra en Estados Unidos ni en Canadá como Día del Trabajo, sino como Día de la Ley (Law Day). En esos países se otorgó a los trabajadores el primer lunes de septiembre, un día sin significado histórico, para celebrar su día (Labor Day).
La jornada laboral de ocho horas en Estados Unidos tuvo que esperar hasta 1935 para ser aprobada, durante la presidencia de Franklin D. Roosvelt.

Fuente: sepiensa.org y Asociación de anarquistas de Chicago.

A raíz de la conmemoración de un año más del asesinato de los luchadores anarquistas norteamericanos, aquí les dejo un video sobre los movimientos sociales en Chile a principios del siglo XX, dentro del contexto de las luchas de las y los trabajadores, sus propuestas, acciones, ideas y principios.

Atte.
Profesor D. Maximiliano Bascur A.