Por
David Maximiliano Bascur Astroza
Tópicos de la cátedra “Modernidad y Ciencias Sociales” del Magister en Ciencias Sociales, UARCIS.

Durante las últimas semanas me he vuelto hacia la poesía social. Me he sorprendido de lo muy poco conocemos a cerca de nuestra poesía y de la vida y pensamientos de nuestros poetas. Es singular este tipo de literatura, donde se mezclan los clamores líricos de la belleza, del amor, de la oscuridad y pesadumbre, con la efervescencia del progreso, de la esperanza de un nuevo mundo organizado bajo nuevos principios

La verdad, es que me encuentro realizando una investigación sobre un poeta chileno (Domingo Gómez ) de principios del siglo XX, que desarrolla su obra literaria en una época marcada por el entrecruzamiento del “modernismo” y el “vanguardismo”. Sus palabras con respecto al progreso, la civilización, la modernidad, la humanidad, están influidas notoriamente por sus ideas revolucionarias; así también, sus cantos líricos, de piedad, versos cristianos están relacionados con el más profundo espíritu de amor paralelo a ciertas imágenes míticas. En este poeta se mezclan de manera sin igual dos vertientes poéticas opuestas: en la primera, caso en particular, es notorio la unión entre los principios que marcan y caracterizan la naturaleza y la inspiración cristiana. En la segunda, la idea de una humanidad doliente que construye bajo los preceptos de las ideas libertarias, una sociedad justa y fraterna.

Puede ser que se me diga que tanto Adorno como Horkheimer no tratan de forma directa el tema de la poesía, mas si nos detenemos en sus ideas centrales donde exponen que
Prometeo

“El programa del iluminismo consistía en liberar al mundo de la magia. Se proponía, mediante la ciencia, disolver los mitos y confutar la imaginación”

es importantísimo comprender los alcances que tiene dicha afirmación, tendiendo en cuenta que la poesía es magia y mito, saber y expresión de la sociedad.

Cuando se adentran en descubrir los objetivos que tenía el iluminismo en torno al pensamiento, su relación con la sociedad burguesa y la producción económica, etc. tienden a dejar un tanto de lado las expresiones artísticas, expresiones esencialmente humanas, que más que constituir una “superestructura”, son inherentes al ser humano. No por nada, en esta relación, ciencia y arte se encuentran convergiendo.

Desde este acercamiento, podemos decir que el mundo construido por la modernidad bajo el alero de las ciencias y el positivismo, tenía como defecto que olvidaba o negaba una fuente trascendente:
Ícaro
“El mito perece en el iluminismo y la naturaleza en la pura objetividad”

Así mismo, nos es preciso señalar que tanto el “mito” como la “naturaleza” a la cual el iluminismo les da la espalda, arrojándolos al despeñadero, son partes fundamentales de la sociedad occidental, incluso en el día de hoy. Esta necesidad del progreso, llevaría a un absurdo radical

“la autodestrucción del iluminismo”.

Tendiendo en cuenta la fecha en que escriben este texto, como las circunstancias en que realizan dichas reflexiones, no nos parece nada extraño sus conclusiones. Ahora bien, el papel que juegan estas circunstancias, tanto políticas y ético-morales, afectaron la comprensión de lo que se entendía por modernidad e “iluminismo”. Algo parecido ocurrió en la filosofía con los escritos de Albert Camus y otros muchos escritores.

Ahora bien, esta frase tan determinante que
Industrialismo

“La condena natural de los hombres es hoy inseparable del progreso social”

contiene una carga tan negativa, sólo se entiende bajo las ideas que hemos rescatado hasta aquí. Me refiero fundamentalmente a que es durante la época moderna cuando la idea de dominio del mundo se expresa con tanto furor, que llevará a los más absurdos extremos. El progreso social visto de esta forma, nos condujo a un camino cerrado donde, por falta de eso que la magia y los mitos nos entregaban de forma clara y a raudales, se impuso una forma de ver y sentir el mundo, de querer dominarlo, sin conocerlo siquiera. Es este conocimiento primario el que nos puede hacer salir de la encrucijada en que nos ha puesto la modernidad bajo el poder de la ciencia totalitaria y su modo dominador del mundo.

Este modo de conocer sería, tal vez, recurrir un poco a la poesía.