diciembre 2009


Ajusticiamiento del Dictador Diego Portales

¿Y qué había bajo el bronce entre 1848 y 1910?

Al principio, explosiones sociales. Estallidos políticos. Combates fratricidas. Rebelión armada de las provincias productoras contra el autoritario centralismo mercantil de Santiago. Alianza entre empresarios mineros, peones y artesanos en el norte, y entre cosecheros, artesanos e indígenas en el sur. Igualitarios contra la tiranía, guerras civiles, batallas sangrientas, entre 1848 y 1859. Chile entero en erupción contra la tiranía autocrática y filo-inglesa de Manuel Montt (desde 1832, el régimen mercantil de Santiago había firmado siete tratados de libre comercio con las grandes potencias industriales del norte). Sin embargo, una vez más, el ejército de la capital derrotó a las tropas ciudadanas de las clases productoras de provincia.

Después del incendio, las elites empresariales regionales, doblegadas, vencidas, temerosas incluso de sus peligrosos aliados populares, emigraron a Santiago. Intentaron -y lograron- entrar al Congreso Nacional, hasta allí monopolizado por los pelucones. Era el año 1862. El Presidente José Joaquín Prieto, bonachón, anunció la aparición de la “fusión liberal-conservadora”. Los enemigos de ayer se hermanaban, se reconciliaban, se amaban, y bebieron champagne francés en los salones del flamante Club de la Unión, fundado expresamente para eso. Luego, al unísono, levantaron palacios mercantiles aquí y allí. En las calles Dieciocho, Ejército, Alameda, Almirante Latorre, Cienfuegos, etc. Y aquí y allí, en sus salones afrancesados, decidieron convertir Santiago en otro París. Y transformaron el cerro Huelén en el Pequeño Trianon santiaguino. Y expulsaron sin asco de la “ciudad culta” a los rotos de la “ciudad bárbara”, tarea sucia que encargaron al intendente (liberal) Benjamín Vicuña Mackenna.

Señoras y señores: había nacido la elegante oligarquía chilena. “Las elites unidas -oraban entonces- jamás serán vencidas”. Y celebraron una tertulia tras otra. Se iluminaron los palacios, y fue entonces cuando sus mujeres se convirtieron en “reinas de salón”. Hábito social que los obligó a todos -para inspirarse- a viajar periódicamente a París, a nutrirse de modernidad, ilustración, libertad, arte. Y sobre todo, de ópera. Era la arcadia suprema del coloso estatal portaliano. Chile triunfante, mirándose en los espejos de Versalles. O en los del Barrio Latino. Aristocracia pura, caballeros.

Pero, quien siembra, cosecha. En la década de 1870 se agotaron los minerales de cobre de alta ley. El peso chileno –basado sobre todo en la plata– perdió en poco tiempo la mitad de su valor de cambio al producirse la desmonetización mundial de ese metal, decretada por Inglaterra y Alemania. Aun para la misma “aristocracia”, las monedas de oro -controladas por las casas comerciales extranjeras- se volvieran escasas. El precio mundial del trigo inició un descenso a largo plazo. La mecanización de las faenas productivas se detuvo. La romería a París, también. Fue necesario de nuevo contratar inquilinos, explotar peones, reducir salarios, ocupar la fueza de trabajo femenina y aun la de los niños, mientras silbaba sobre ellos el látigo emplomado de la inflación. Y hacia 1885, la oligarquía descubrió con espanto que su cuota de ganancia se estaba secando sin remedio, mientras las compañías comerciales extranjeras controlaban desde arriba la economía del país. Y lo curioso fue que el Estado, en medio de esa crisis, comenzó a llenarse de oro al aplicar un impuesto pagadero en ese metal a las exportaciones de salitre, y al contratar empréstitos en la banca extranjera. Y, claro, pensaron: ¿por qué el Estado Portaliano se enriquece y la Oligarquía Portaliana no? ¿No era conyugalmente justo que el oro del uno se derramara también en los famélicos bolsillos de la otra? ¿Por qué no? ¿No era la oligarquía refundida la dueña exclusiva del Estado? ¿Quién se opondría a ese acto supremo de justicia doméstica?

Para sorpresa de todos, hubo alguien que se opuso: el “liberal” José Manuel Balmaceda. Ocurrió que este político -que tenía más sentido de nación que otros– pensó que el dinero del Estado era de todos los chilenos, y que no era justo que ese dinero fuera administrado por los bancos privados (oligárquicos), que, obviamente, especulaban y lucraban con él. Porque, en ese tiempo, no existía ni un Banco Central ni un Banco del Estado. Balmaceda pensó que, en el interés nacional, era indispensable crear un Banco del Estado, cortando así la espita que trasvasijaba el áureo líquido estatal en las sedientas gargantas de los banqueros chilenos. Ocurría que casi el 60% de los diputados tenían intereses bancarios, mientras el 80% de los senadores eran directores o grandes accionistas de las sociedades bancarias. Pues, ante el grave deterioro de su renta “productiva”, la oligarquía chilena se volcó ansiosamente a la “especulación” bursátil y bancaria. O sea: a ordeñar el Estado. Por eso, cuando Balmaceda elaboró un proyecto de ley para crear un Banco del Estado, la oligarquía bancaria en pleno –y por tanto el Congreso Nacional en masa– se alzó contra Balmaceda. Sin importar si eran liberales o no. Y tomaron las armas. Y provocaron una sangrienta guerra civil. Y murieron, otra vez, miles de rotos (pues, cuando en Chile pelean los ricos, mueren los pobres).

Naturalmente, los historiadores oficiosos han declamado a coro que la guerra civil se debió a un impasse técnico entre el Ejecutivo y el Legislativo, al violar Balmaceda la Constitución cuando retrasó el envío de la Ley de Presupuestos… ¡Pamplinas!

Y de nuevo, como en 1829, el ejército mercenario de los mercaderes (ahora banqueros) venció en 1891 al ejército constitucional de la nación. Horrorizado por lo que eso significaba, Balmaceda, político honesto, se suicidó.

Eliminado el obstáculo, la oligarquía se apropió del Estado en profundidad. Para todos los efectos. Y lo defendió contra cualquiera que se opusiera a ello, sobre todo, contra los trabajadores y los rotos. Solícito, el Ejército Mercantil masacró a la clase popular en 1890, 1903, 1905, 1906, 1907, 1919, 1921, 1924… Impotente, la clase popular entró en putrefacción progresiva en la pocilga de los conventillos. Alcoholizada, prostituida, raquítica, sifilítica, tísica. Y, claro, pronto alcanzó la tasa de mortalidad infantil más alta del mundo. Y la Hacienda Pública, saqueada, sin impuestos directos que la nutrieran, sin recursos (el salitre entró en crisis), cayó en bancarrota en 1922. Y no pudo pagar los sueldos de los profesores y, sobre todo, de la oficialidad del Ejército…

El coloso moribundo

El coloso estatal levantado a hachazos y fusilazos entre 1829 y 1833 llegó pues a 1910 disparando todavía en todas direcciones. Mejor dicho, disparando contra los mismos de siempre: productores, trabajadores, demócratas, socialistas, anarquistas… Trayendo en su vientre el resquemor de cinco guerras civiles y catorce matanzas de adversarios políticos. Con su sangre económica infestada por más de cien compañías comerciales extranjeras que controlaban, sin excepción, todos sus glóbulos rojos. Con treinta bancos nacionales ensartados como sanguijuelas en el erario nacional. Con las Fuerzas Armadas de la nación en formación de batalla contra el bajo pueblo. Con una oligarquía desempresarializada y parlamentarizada hundida en el fondo del desprestigio. Con miles de conventillos hirviendo en pobreza, tifus, disentería, etc. mientras sus dueños (los “rentistas urbanos”) llenaban su sucias billeteras en un inútil afán de siutiquería. Y todo sostenido, únicamente, sobre la punta de las bayonetas…

Bajo sus descoloridos bronces, el coloso estatal de 1833 llegó a 1910 corroído hasta el alma por un cáncer social, político, cultural y económico. O sea: moribundo.

¿Qué debía hacer la ciudadanía ante un coloso estatal roído por sus propias entrañas?//LND

(1) El detalle de esta operación en G.Salazar: Mercaderes, empresarios y capitalistas. Chile, siglo XIX (Santiago, 2009. Editorial Sudamericana), pp. 253-295.

(2) Sobre estos fusilamientos: G.Salazar: Construcción de Estado en Chile, 1800-1837 (Santiago, 2006. Editorial Sudamericana), pp. 381-403.

Anuncios

Gabriel Salazar, Premio nacional de Historia, desarrolla la corriente de Historia Social

Recordando que nos acercamos rápidamente a los 200 años de la fundación del Estado de Chile, copiamos un texto de Gabriel Salazar del domingo 20 de diciembre de 2009, publicada en el diario La Nación Domingo, en torno a la construcción del Estado a lo largo de estas dos centurias, para ir abriendo una discución que apunte a desmitologizarlo.

Atte.

D. Maximiliano Bascur Astroza,
Profesor.

Mitología y Estado

Cuando para provocar el nacimiento de un Estado se niega y se mata a los padres legítimos (la soberanía ciudadana), entonces ese Estado, para vivir, quedará obligado a fabricar su legitimidad, a mentir su origen, a magnificar lo que pretende o aparenta ser. Y por ende, a mitologizarse a sí mismo. Lo que implica, por supuesto, heroificar a los sicarios que perpetraron el asesinato de la paternidad soberana. Pero ninguna de esas “obligaciones” es políticamente limpia, porque ninguna es un acto de transparencia, un resplandor de verdades o un diálogo entre amigos, sino un tortuoso juego de biombos y un crepitar de humos fatuos destinados a tapar lo que no puede mostrarse. A olvidar lo que no puede recordarse. Y esto es, exactamente, lo que los actuales sociólogos del Estado llaman “política de legitimación tardía”.

Por eso, cuando un Estado va por la historia sobrecargado de mitos, plagado de estatuas rampantes, convertido en un jurásico coloso estatal, es conveniente entrar en sospecha. Y obligatorio mirar radiológicamente bajo su piel. Es como todo ciudadano chileno debería mirar el colosal Estado construido entre 1829 y 1833 por los vencedores en la sangrienta batalla de Lircay (cuando un ejército mercenario improvisado por el patriciado mercantil santiaguino derrotó al ejército ciudadano que había ganado la guerra de la Independencia). Ese coloso político ha sido sacralizado como un modelo arquetípico y un ejemplo cívico sin parangón en América Latina. Como prototipo cenital de orden público, de respeto a la ley, de probidad gubernamental, de capacidad para desarrollar la economía del país, etc. Razón por la que se le ha esculpido en bronce como un helénico Carro Alegórico que lleva, como alado centauro, al astuto mercader-ministro Diego Portales, como antorcha olímpica las rojas espadas de los generales Joaquín Prieto y Manuel Bulnes, como guía délfica la pluma impoluta de Andrés Bello, las bolsas millonarias de Agustín Edwards Ossandón y Matías Cousiño, las togas poco amigas de Manuel Montt y Antonio Varas, etc.

Y detrás, en procesión devota y creyente, un tropel de historiadores oficiosos: Diego Barros Arana, Rafael Sotomayor Valdés, Francisco Antonio Encina, Alberto Edwards Vives, Jaime Eyzaguirre, Gonzalo Vial Correa, etc. Todos, sin excepción, polifónicamente, cantando loas y letanías. Estribillos patrióticos. Grandezas del pasado. Moralejas para niños. Y más atrás, murgas y comparsas de políticos en boga, entonando la misma versaina mitológica -sin equivocarse ni una vez–, sólo que a toda voz (para que escuchen los sufragantes), porque necesitan presentarse como legítimos herederos de todos los laureles de la patria. Y al final, a tropezones, uno que otro dictadorzuelo balbuceante, con sus dedos (ya que no sus espadas) ensangrentados.

Sin duda, es cívicamente saludable develar lo que oculta bajo su bronce ese tropel

¿Qué había, entre 1830 y 1850, detrás del humo fatuo de la mitología?

Si se destapan los bronces y se acera la mirada histórico-social, aparecen, en sucesión, oscuras escenas de sótano y bambalina. Cuadros sombríos, de traición, rabia y sepulcro. El traspatio tenebroso de los héroes. La tragicomedia de la Patria. Enuméreselas:

1) Diego Portales ganando mañosamente para su compañía mercantil el monopolio nacional del tabaco, destruyendo con apoyo armado el gremio completo de los “plantadores”, los “sigarreros” (fabricantes de cigarros) y los “estanquilleros” (vendedores minoristas) de esos productos. Fallando en el compromiso de pagar la deuda externa contraída en Londres por O’Higgins. Quebrando en toda regla. Forzando al Estado a resarcir la pérdidas de su compañía quebrada. Atrayéndose la ira general de los liberales y de la clase artesanal y popular. (1)

2) El mismo mercader reuniendo fondos para comprar la conciencia del retirado general Prieto y de su primo hermano Manuel Bulnes, a objeto de organizar un ejército mercenario y dar un golpe de Estado contra los gobiernos democrático-liberales de los generales Ramón Freire y Francisco Antonio Pinto.

3) El general Prieto tendiendo una trampa a los oficiales del Ejército vencedor en la batalla de Ochagavía, traicionando el armisticio que él mismo forzó, asaltando la capital, ordenando matar a hachazos a los oficiales prisioneros en Lircay.

4) El ministro Portales dando de baja sin pensión a toda la oficialidad mayor del ejército ciudadano que conquistó la Independencia, dejándoles en exclusión y miseria. Intentando fusilar al general Freire. Deportándolo al no poder fusilarlo.

5) El ministro Portales diseñando jaulas de hierro para encerrar a los presidiarios (peones y rotos) que repararían el camino Santiago-Valparaíso (el del comercio). Los mercaderes extranjeros condenando asqueados esa política.

6) El ministro Portales (respaldados por los generales Prieto y Bulnes) ordenando fusilar opositores en el norte y en el sur del país. Provocando la histeria general del vecindario de Curicó por el fusilamiento de numerosos jóvenes opositores al régimen. (2)

7) El ministro Mariano Egaña redactando obsecuentemente “leyes secretas”, para permitir a Portales actuar “ejecutivamente” contra sus opositores.

8) Emergencia de múltiples motines y sublevaciones (al menos siete entre 1830 y 1837) de artesanos, milicianos y militares contra el régimen dictatorial instalado desde Lircay. El último de ellos (de la guarnición estacionada en Quillota), terminó con el fusilamiento de Portales. Todos los oficiales de los regimientos amotinados, en un documento público, señalaron que lo hacían en función de su fe democrática y su rechazo a la tiranía.

9) Los oficiales demócratas que se rebelaron en Quillota fueron descuartizados salvajemente, colocándose sus brazos, piernas y cabezas en la punta de grandes picas, para escarnio de los pueblos. Han sido presentados a la posteridad no como luchadores por la libertad, sino como ejemplos de traición y felonía.

10) El gobierno de Joaquín Prieto implementando una guerra impopular contra la Confederación Perú-Boliviana, para conquistar un mercado virreinal que nunca se había podido controlar durante la colonia. La victoria de Yungay aseguró para Chile ese mercado, pero cuando ya no valía nada, mientras el enorme mercado del Pacífico, descuidado por esa campaña, cayó bajo poder de los ingleses (con la ayuda de O’Higgins y de los propios mercaderes chilenos)

11) Los mercaderes extranjeros invadiendo el país y dominando todo el comercio exterior (cabotaje, exportaciones de cobre, plata, trigo y harinas, importaciones de todo tipo). Provocando con eso el vaciamiento total del sistema monetario nacional (basado en monedas de oro y plata), induciendo a los patrones a pagar a sus trabajadores en abusivas fichas de cuero o papel.

12) Aparición de masivas hambrunas a lo largo del país, sobre todo a fines de la década de 1830. Miles de hombres, mujeres y niños muriendo de hambre en las calles de la ciudad, en los cerros, en las playas. Mientras los hacendados y mercaderes ganaban millones exportando trigo, harina, cueros, sebo, ganado.

13) Proliferación de bandas peonales asaltando haciendas, saqueando pueblos y ciudades, en compensación por la falta de trabajo remunerado en las haciendas, minas y ciudades (no había desarrollo industrial). Al interior de Chillán y en los cordones transversales surgieron nidos de bandoleros, que la policía de entonces no pudo nunca exterminar.

14) La ira social creciendo por abajo, en todas partes. A punto de explotar.

A alguien se le ocurrió rescatar este discurso, pronunciado hace 40 años por Cantinflas, supuestamente ante la Organización de Naciones Unidas, en una película en la cual él hacía el papel de embajador.

Este fue el mismo filósofo de aquella célebre y crucial pregunta, formulada justo antes de sentarse a jugar dominó.
“¿Vamos a jugar como caballeros ó como lo que somos?”

Este es un excelente homenaje, a un hombre sensible y lleno de sano humor que nos legó MEXICO, a todos sus hermanos latinoamericanos…

¡ GRACIAS MARIO MORENO,

POR TODO LO QUE NOS DISTE !

disfrútenlo

“Me ha tocado en suerte ser último orador, cosa que me alegra mucho porque, como quien dice, así me los agarro cansados.

Sin embargo, sé que a pesar de la insignificancia de mi país que no tiene poderío militar, ni político, ni económico ni mucho menos atómico, todos ustedes esperan con interés mis palabras ya que de mi voto depende el triunfo de los Verdes o de los Colorados.

Señores Representantes:
Estamos pasando un momento crucial en que la humanidad se enfrenta a la misma humanidad.
Estamos viviendo un momento histórico en que el hombre científica e intelectualmente es un gigante, pero moralmente es un pigmeo.

La opinión mundial está tan profundamente dividida en dos bandos aparentemente irreconciliables, que dado el singular caso, que queda en sólo un voto.

El voto de un país débil y pequeño pueda hacer que la balanza se cargue de un lado o se cargue de otro lado.
Estamos, como quien dice, ante una gran báscula: por un platillo ocupado por los Verdes y con otro platillo ocupado por los Colorados.

Y ahora llego yo, que soy de peso pluma como quien dice, y según donde yo me coloque, de ese lado seguirá la balanza.

¡Háganme el favor!…

¿No creen ustedes que es mucha responsabilidad para un solo ciudadano? No considero justo que la mitad de la humanidad,
sea la que fuere, quede condenada a vivir bajo un régimen político y económico que no es de su agrado, solamente porque un frívolo embajador haya votado, o lo hayan hecho votar, en un sentido o en otro.
El que les habla, su amigo… yo… no votaré por ninguno de los dos bandos (voces de protesta).
Y yo no votaré por ninguno de los dos bandos debido a tres razones:

Primera, porque, repito que no se sería justo que el sólo voto de un representante, que a lo mejor está enfermo del hígado, decidiera el destino de cien naciones;

Segunda, estoy convencido de que los procedimientos, repito, recalco, los procedimientos de los Colorados ( los paises comunistas) son desastrosos (voces de protesta de parte de los Colorados);

¡y Tercera!… porque los procedimientos de los Verdes ( Los Estados Unidos ) tampoco son de lo más bondadoso que digamos (ahora protestan los Verdes).

Y si no se callan ya yo no sigo, y se van a quedar con la sensación de saber lo que tenía que decirles.
Insisto que hablo de procedimientos y no de ideas ni de doctrinas.

Para mí todas las ideas son respetables aunque sean ” ideítas” o “ideotas” aunque no esté de acuerdo con ellas.
Lo que piense ese señor, o ese otro señor, o ese señor (señala), o ese de allá de bigotico que no piensa nada porque ya se nos durmió, eso no impide que todos nosotros seamos muy buenos amigos.

Todos creemos que nuestra manera de ser, nuestra manera de vivir, nuestra manera de pensar y hasta nuestro modito de andar son los mejores; y el chaleco se lo tratamos de imponérselo a los demás y si no lo aceptan decimos que son unos tales y unos cuales y al ratito andamos a la greña.
¿Ustedes creen que eso está bien?

Tan fácil que sería la existencia si tan sólo respetásemos el modo de vivir de cada quien.
Hace cien años ya lo dijo una de las figuras más humildes pero más grandes de nuestro continente: “El respeto al derecho ajeno es la paz” (aplausos).

Así me gusta… no que me aplaudan, pero sí que reconozcan la sinceridad de mis palabras.

Yo estoy de acuerdo con todo lo que dijo el representante de Salchichonia (alusión a Alemania) con humildad, con humildad de albañiles no agremiados debemos de luchar por derribar la barda que nos separa, la barda de la incomprensión, la barda de la mutua desconfianza, la barda del odio, el día que lo logremos podemos decir que nos volamos la barda (risas).

Pero no la barda de las ideas, ¡eso no!, ¡nunca!, el día que pensemos igual y actuemos igual dejaremos de ser hombres para convertirnos en
máquinas, en autómatas.

Este es el grave error de los Colorados, el querer imponer por la fuerza sus ideas y su sistema político y económico, hablan de libertades humanas, pero yo les pregunto: ¿existen esas libertades en sus propios
países?

Dicen defender los Derechos del Proletariado pero sus propios obreros no tienen siquiera el derecho elemental de la huelga, hablan de la cultura universal al alcance de las masas pero encarcelan a sus escritores porque se atreven a decir la verdad, hablan de la libre determinación de los pueblos y sin embargo hace años que oprimen una serie de naciones sin permitirle que se den la forma de gobierno que más les convenga.

¿Cómo podemos votar por un sistema que habla de dignidad y acto seguido atropella lo más sagrado de la dignidad humana que es la libertad de conciencia eliminando o pretendiendo eliminar a Dios por decreto?

No, señores representantes, yo no puedo estar con los Colorados, o mejor dicho con su modo de actuar; respeto su modo de pensar, allá ellos, pero no puedo dar mi voto para que su sistema se implante por la fuerza en todos los países de la tierra (voces de protesta)

¡El que quiera ser Colorado que lo sea, pero que no pretenda teñir a los demás!- los Colorados se levantan para salir de la Asamblea-.
¡Un momento jóvenes!, ¿pero por qué tan sensitivos?

Pero si no aguantan nada, no, pero si no he terminado, tomen asiento.
Ya sé que es costumbre de ustedes abandonar estas reuniones en cuanto oyen algo que no es de su agrado; pero no he terminado, tomen asiento, no sean precipitosos… todavía tengo que decir algo de los Verdes, ¿no les es gustaría escucharlo?

Siéntese (va y toma agua y hace gárgaras, pero se da cuenta que es Vodka).
Y ahora, mis queridos colegas Verdes,¿ustedes qué dijeron?:

“Ya votó por nosotros”, ¿no?, pues no, jóvenes, y no votaré por ustedes porque ustedes también tienen mucha culpa de lo que pasa en el mundo, ustedes también son medio soberbios, como que si el mundo fueran ustedes y los demás tienen una importancia muy relativa, y aunque hablan de paz, de democracia y de cosas muy bonitas, a veces también pretenden imponer su voluntad por la fuerza, por la fuerza del dinero.

Yo estoy de acuerdo con ustedes en que debemos luchar por el bien colectivo e individual, en combatir la miseria y resolver los tremendos problemas de la vivienda, del vestido y del sustento.

Pero en lo que no estoy de acuerdo con ustedes es la forma que ustedes pretenden resolver esos problemas, ustedes también han sucumbido ante el materialismo, se han olvidado de los más bellos valores del espíritu pensando sólo en el negocio, poco a poco se han ido convirtiendo en los acreedores de la humanidad y por eso la humanidad los ve con desconfianza.

El día de la inauguración de la Asamblea, el señor embajador de Lobaronia dijo que el remedio para todos nuestros males estaba en tener automóviles, refrigeradores, aparatos de televisión; ju … y yo me pregunto: ¿para qué queremos automóviles si todavía andamos descalzos?,

¿para qué queremos refrigeradores si no tenemos alimentos que meter dentro de ellos?, ¿para qué queremos tanques y armamentos si no tenemos suficientes escuelas para nuestros hijos? (aplausos).

Debemos de pugnar para que el hombre piense en la paz, pero no solamente impulsado por su instinto de conservación, sino fundamentalmente por el deber que tiene de superarse y de hacer del mundo una morada de paz y de tranquilidad cada vez más digna de la especie humana y de sus altos destinos.

Pero esta aspiración no será posible sino hay abundancia para todos, bienestar común, felicidad colectiva y justicia social.

Es verdad que está en manos de ustedes, de los países poderosos de la tierra, ¡Verdes y Colorados!, el ayudarnos a nosotros los débiles, pero no con dádivas ni con préstamos, ni con alianzas militares.

Ayúdennos pagando un precio más justo, más equitativo por nuestras materias primas, ayúdennos compartiendo con nosotros sus notables adelantos en la ciencia, en la técnica… pero no para fabricar bombas sino para acabar con el hambre y con la miseria (aplausos).

Ayúdennos respetando nuestras costumbres, nuestras costumbres, nuestra dignidad como seres humanos y nuestra personalidad como naciones por pequeños y débiles que seamos; practiquen la tolerancia y la verdadera fraternidad que nosotros sabremos corresponderles, pero dejen ya de tratarnos como simples peones de ajedrez en el tablero de la política internacional.

Reconózcannos como lo que somos, no solamente como clientes o como ratones de laboratorios, sino como seres humanos que sentimos, que sufrimos, que lloramos.

Señores representantes, hay otra razón más por la que no puedo dar mi voto: hace exactamente veinticuatro horas que presenté mi renuncia como embajador de mi país, espero me sea aceptada.

Consecuentemente no les he hablado a ustedes como Excelencia sino como un simple ciudadano, como un hombre libre, como un hombre cualquiera pero que, sin embargo, cree interpretar el máximo anhelo de todos los hombres de la tierra, el anhelo de vivir en paz, el anhelo de ser libre, el anhelo delegar a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos un mundo mejor en el que reine la buena voluntad y la concordia.

Y qué fácil sería, señores, lograr ese mundo mejor en que todos los hombres blancos, negros, amarillos y cobrizos, ricos y pobres pudiésemos vivir como hermanos.

Si no fuéramos tan ciegos, tan obcecados, tan orgullosos, si tan sólo rigiéramos nuestras vidas por las sublimes palabras, que hace dos mil años, dijo aquel humilde carpintero de Galilea, sencillo, descalzo, sin frac ni condecoraciones:

“Amaos… amaos los unos a los otros”, pero desgraciadamente ustedes entendieron mal, confundieron los términos, ¿y qué es lo que han hecho?, ¿qué es lo que hacen?: “Armaos los unos contra los otros”….
He dicho…”.

Cantautor

Su funeral simbólico se realizará el día sábado 5 de diciembre

Santiago, 26 de noviembre de 2009

Hace 36 años el 18 de Septiembre de 1973 Joan Jara, la compañera de Víctor debió sepultarlo de forma casi clandestina, acompañada sólo por 2 personas.

El 4 de Junio del presente año, Víctor Jara fue exhumado en presencia de Joan y sus hijas Amanda y Manuela, para trasladarlo posteriormente al Instituto Médico legal con el fin de realizar los peritajes correspondientes a la investigación de su asesinato.

Hoy queremos comunicar que Víctor será devuelto a su familia, la que junto a la Fundación Víctor Jara ha querido acoger el deseo manifestado por muchísimas personas y organizaciones sociales de realizar el funeral de nuestro querido Víctor y acompañarlo hasta el lugar del Cementerio General donde quedará definitivamente.

Víctor permanecerá dos días en la fundación que lleva su nombre para que su querido pueblo pueda despedirlo.

Las puertas de la fundación serán abiertas el próximo Jueves 3 de Diciembre a las 12.00 horas y se mantendrán así ininterrumpidamente hasta las 10.00 horas del Sábado 5, hora en la que partiremos caminando al Cementerio General.

El asesinato de Víctor Jara continúa impune. Nuestra exigencia de Verdad y Justicia se reafirma con el dolor que ha significado remover su tumba.

Demandamos verdad y justicia para el caso de Víctor Jara, como también para cada uno de los Detenidos Desaparecidos y Ejecutados Políticos de nuestro país.

El brutal asesinato de Víctor no ha impedido que su legado y ejemplo de vida trasciendan. Víctor sigue viviendo en el corazón de su pueblo.

Fundación Víctor Jara