Experiencia Educativa en el Liceo Lenka Franulic

Experiencia Educativa en el Liceo Lenka Franulic

“¡A la calle! que ya es hora
de pasearnos a cuerpo
y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo”.

Gabriel Celaya

Buscamos excusas, en algunas ocasiones, para poder llevar a cabo ciertas “praxis” que de otra manera seríamos incapaces…

En el año 2004, y a propósito de una remodelación del Colegio Lenka Franulic de la comuna de Ñuñoa en Santiago de Chile, en el patio de este se encontraron algunos restos arqueológicos pertenecientes a culturas indígenas (“inka local”). Sin embargo, debido al poco interés presentado por el grupo de dirección del liceo durante los meses y años siguientes a este descubrimiento, en el año 2007, un grupo de personas integrado por cuatro estudiantas, un estudiante y un profesor, deciden hacer suyo el proyecto de recobrar para toda la comunidad del colegio la memoria encerrada en aquéllos seres humanos: sus historias, amores y desamores. Pero este sería sólo el principio de los obstáculos a los que nos deberíamos enfrentar.

En primer lugar, ¿qué tipo de “taller pedagógico” es una “Academia”? ¿cómo articular una teoría y práctica pedagógica libre en un entorno que se preocupa más de las estadísticas educativas y los resultados productivos de los “alumnos y alumnas”, más que de la creación, la investigación y la autonomía? La “Academia” (como le llamamos de cariño) no era un lugar donde repetir las clases de historia y ciencias sociales, no era un taller de reforzamiento de la asignatura ni menos uno de los típicas clases preparatorias para entrar a la universidad que se suelen usar aquí en Chile… La “Academia” tenía un sentido distintito desde el mismo momento en que surgió como idea: debería constituirse en un grupo de personas que, mediante un trabajo autónomo y articulado, pudiesen fomentar la recuperación de la memoria histórica-social de la comunidad, rescatando del olvido temas, hechos e historias.

Con estas ideas en la cabeza hechamos a andar el proyecto. Dificultades de tiempo y lugares para reunirse en primer lugar fueron resueltos en la medida que llegamos a consensos entre todas y todos los integrantes. Además de eso, fue la preocupación por la investigación la que nos llevó a consultar en diversas instituciones (universidades y museo) el paradero de los restos arqueológicos hasta encontrarlos… pues nadie sabía donde exactamente habían quedado, todo esto sólo con la iniciativa de Andrea, Carolina, Diego, Janis, Macarena y David, el profesor. Pero cada vez deseábamos hacer más cosas y el tiempo apremiaba.

Además de las investigación, surgieron ideas y prácticas como apoyar la infraestructura de la biblioteca con la compra de libros, realización de ciclos de cine-foro, presentación en ferias científicas, desarrollo de una propuesta para la realización de un seminario en torno a las culturas indígenas para el año 2008, preparación de los materiales, información e imágenes para la construcción de gigantografías que dieran a conocer el sitio arqueológico, escribir y publicar una revista, construir un panel a la vista de todas y todos con información de la “Academia”, colocarle un nombre al Salón de Historia, que fue llamado finalmente “Nuestra América. Abya Yala” y, como gran meta, la construcción, mediante la adquisición de fondos a los que se había comprometido la municipalidad de Ñuñoa años anteriores, de una muestra arqueológica de las culturas indígenas encontradas con la finalidad de articular en torno a ello prácticas pedagógicas fundamentadas en valores de respeto a las culturas americanas y recuperación de la memoria, de valoración de la diversidad, compromiso con la investigación, la disciplina académica, la rigurosidad, a modo general y de desarrollo de mayores niveles de libertad al interior de la escuela, institución tradicionalmente cerrada a experiencias de tipo libertaria y autonomista por parte de los estudiantes, es decir, utilizar el espacio de la “Academia” como motor y difusor de ideas que contribuyeran a fomentar un ambiente crítico al interior del colegio, del aula, de las y los estudiantes, profesoras y profesores.

Pero como les contamos los obstáculos fueron varios y no sólo por parte nuestra: la dirección del colegio se opuso a ciertos proyectos, en otros se desentendía y en unas cuantas ocasiones tuvimos que “dar cuentas” de las acciones que llevábamos a cabo e incluso de la forma de pensar y actuar de las y los integrantes del grupo. Esto se extendió fundamentalmente en el segundo semestre del año 2007. Por estas razones es que en un momento, el profesor a cargo de la representación del grupo pensó en convocar el cierre de la “Academia”, sin embargo, los cinco jóvenes, en una práctica asamblearia de votación directa y a mano alzada decidieron continuar con el proyeco más allá de las implicancias, por lo que el profesor quedó en franca minoría, teniendo que asumir de esa manera la decisión de las y el joven de continuar con la experiencia.

Llegó el final de año y con ello el tiempo de las evaluaciones… por una parte estimamos que la experiencia fue rica, mas no quedamos contentos, pues nos faltó mayor orden y disciplina, también aprender a darnos cuenta de nuestras cualidades y defectos, de nuestras fortalezas como grupo y como individuos así como de nuestras dejaciones e incumplimientos (…la revista nunca la publicamos…), etc. Y con el fin de año llegó la noticia de que el profesor fue despedido. A la dirección no le gustó las ideas que transmitía en sus clases, como tampoco la idea de una “Academia de Ciencias Sociales” que, más que reforzar contenidos, diera un espacio de desarrollo personal, autónomo y libertario. A pesar de esto y de que la “Academia” no pudo seguir su trabajo en el año 2008, aún nos seguimos reuniendo de vez en cuando, planeando formas de construir una sociedad mejor y liberando de trabas y obstáculos la educación tradicional.

David M. Bascur Astroza,

Profesor de Historia y Geografía.

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